lunes, febrero 26, 2007

El cuento ilegible

La actitud era intolerable y el hombre apretó los puños: ¿Cómo se atrevía? Y, sin embargo, él era un artista, alguien liberado de una multitud de prejuicios, pero todo tiene sus límites y aquellos que le quedaban, los usos establecidos que aun respetaba y a los que por ser pocos podía conformarse con una obediencia casi canina, contra esos venía precisamente a chocar Marta y con qué tino. Hoy, por ejemplo, con una solicitud ingenua y exasperante en su claridad:
- Y entonces, ¿por qué no hacemos el amor?
De hecho, Arnulfo se moría de ganas y llevaba semanas preparando el terreno, sólo que así no se planteaban las cosas, no las de este tipo, y esa frase pronunciada por ella denotaba un error. En efecto, a él le correspondía decirla y Marta, era evidente, se confundía y desconcertaba un orden preestablecido arrebatándole las palabras de la boca en el momento preciso en que estaba por externarlas, cuando faltaba un instante, porque en uno las habría pronunciado, y si se tomaba su tiempo era porque prefería se diera en silencio.
Mas no, no sería con ella que habría lugar para lo implícito y lo tradicional del procedimiento, no con Marta que se había educado quién sabe dónde y a la que, cada vez estaba más seguro, nunca le habían enseñado un mínimo de reglas, o bien llegaba de un país extraño y lunático sin la noción de lo que se debía al hombre, a saber, la toma de la iniciativa en la relación de pareja.
La apariencia, por lo menos.
Cómo explicar de otra forma, ese:
- Y ¿por qué no hacemos el amor?
Cuando era obvio, él la deseaba y ya iba a suceder, porqué explicitar la situación de la peor manera posible: con el hurto de su frase y posicionándose ella a la raíz del acto. Pues ahora de suceder, su mentalidad de macho se lo echaría en cara en tanto concesión a su deseo de ella, y no importaba que él, Arnulfo, tuviera el bajo vientre en ascuas, era una cuestión de principios: Las mujeres cedían, los hombres no.
Así que la miró rencoroso, pero no al punto que dejara de hurgar con el ojo en las sombras cerúleas sobre su piel, allí donde terminaba el cabello, en la nuca, o la tela del vestido sobre el busto. Y sus entrañas entretiempo batían un pulso redoblado. Se mordió el labio mientras se daba a todos los diablos. En verdad que era duro ser hombre. Optó entonces por un medias res, algo que satisficiera su cuerpo que estaba por estallar, aunque en mártir auténtico de la hombría se negara terminantemente a lo que ambos querían.
Tendió un brazo que fue a enlazar las carnes bajo la ropa de Marta, y transmitía calor y era una especie de declaración del “caricias y besos sin llegar al acto” de su decisión recién tomada. El cuerpo de ella era flexible y se plegó fácil al abrazo, mientras Arnulfo se inclinaba aspirando a trechos un perfume tenue quizá de su imaginación. Tenía la boca entreabierta y lo esperaba atenta con destellos en las pupilas, el vientre de Arnulfo tamborileaba al tiempo que, triunfante y recompuesto, pensaba:
-Ahora, sí.
Sus alientos en un doble vaho tibio y Arnulfo la apretó fuerte, él era el varón e iría sólo hasta donde se lo había establecido, que se muriera ella de las ganas –y le parecía a quién mataban era a él- no le daría gusto: Besos y caricias: y ¡basta!, eso sería todo. Pero también, porqué pedir lo que ya le daba. Entonces aspiró ruidoso el olor de Marta, su piel contra la suya y las bocas casi pegadas: La besaría como decidido.
Mas la desgraciada dijo:
- Sí, eso es.
Y -…el amor, sabes, dejémoslo para otro día.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Arnulfo de verdad es machista? Yo pienso, mas bien, que él es un hombre de avanzada, un feminista a ultranza que piensa que los hombres, al igual que las mujeres, también tienen derecho a decir "no".

3:06 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

Ah! Por fin hay sexo en este blog. ¡Qué bueno!

12:37 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

Ni macho ni feminista, yo veo sólo a alguien tratando de mantenerse a flote en el imposible juego del amor. ¡Excelente escena!

1:44 p.m.  

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